Fieras, alimañas y sabandijas 

 

 

 

                        Revista de divulgación zoológica

 

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Viagra asesina

 

  Lagorina sericea, el escarabajo más parecido a la cantárida o mosca de España (Lytta vesicatoria), que he visto por mi comarca. La cantárida es mayor y de forma más alargada.

 

La cantárida es un precioso bichillo de color verde metálico, pequeño (mide de 12 a 22 mm de largo). Cuando te lo encuentras en el campo por primera vez, te da mucha alegría, por la funesta fama y larga historia que tiene. Visto desde abajo parece tener un aspecto un poco siniestro, con esos reflejos de un rojo diabólico, esos grandes ojos y esas mandíbulas.

Este escarabajo de la familia meloidos (que son muy peculiares por muchos motivos; por ejemplo, algunas especies emiten grandes cantidades de sustancias repulsivas e irritantes cuando son molestados) vive en las regiones cálidas de Europa Central, en el sur de Europa y norte de África. A pesar de su nombre, es raro en la Península Ibérica (es algo más común en Asturias y Galicia). Suele vivir en ambientes relativamente húmedos, en bosques de ribera sobre fresnos, álamos, saúcos, y también sobre olivos, cuyas hojas comen. A veces también comen flores, como las de los tojos.

El ciclo reproductivo de los meloidos es complicado e incluye parasitismo y varias etapas larvarias. Los adultos de cantárida son voladores y aparecen en grandes cantidades en mayo y junio. La hembra pone los huevos en el suelo en montones de 40 ó 50. Las larvas se aferran a una abeja solitaria del género Osmia, saquean sus nidos, comiendo los huevos y las provisiones de su huésped y se convierten en crisálidas varias veces, de las que emergen larvas, hasta la crisálida final, de la que emerge el adulto.

El escarabajo produce un potente veneno, la cantaridina. 0,03 g de ésta pueden matar a un hombre. Al manipular o aplastar el insecto, la cantaridina causa una gran irritación de la piel con formación de vesículas dolorosas y quemantes que pueden persistir semanas, y conjuntivitis producidas al llevar las manos a los ojos.

Los médicos de la antigüedad atribuían al polvo molido de este bicho propiedades afrodisíacas, con lo que produjeron grandes estragos entre la población masculina, sobre todo en familias adineradas y casas reales. Es verdad que produce erección del pene, pero ésta es dolorosa y persistente (priapismo) y seguramente está causada por la gran irritación que esta sustancia causa en todo el aparato genito-urinario. Se piensa que el rey Fernando el Católico murió de una intoxicación por cantaridina en su empeño por preñar a su joven segunda esposa (aunque no queremos convertir ésta en una página de cotilleos).

La cantaridina tiene en otras familias de escarabajos la función de servir de feromona o atrayente sexual, y sólo posteriormente se usó para la defensa. El extracto de cantárida se presentaba en polvo (obtenido mediante desecación y triturado), tintura o aceite y emplasto. Aunque sus efectos eran conocidos desde la antigüedad (el uso médico de este escarabajo parte de algunas descripciones de  Hipócrates), la cantaridina (C10 H12 O4., de la que contiene un 1 por ciento aproximadamente), fue descubierta a principios del siglo XIX. En medicina se usaba principalmente por su poder vesicante para el tratamiento de ulceraciones de la piel, aplicando emplastos que supuestamente ayudaban a eliminar sus líquidos perniciosos. También, por vía oral, se ha prescrito como diurético y contra la incontinencia urinaria.

Como efectos secundarios, producía irritaciones gastrointestinales y molestias urinarias, con erección espontánea del pene, lo que convirtió a la cantaridina en el principal afrodisiaco hasta el siglo XVII, cuando cayó en desuso dado el gran número de envenenamientos con consecuencias mortales que produjeron tales prácticas. En el lujurioso siglo XVIII volvería a estar de moda. También fue usada directamente como veneno; en polvo, mezclada con la comida, puede pasar desapercibida. Para determinar si una muerte se había producido por los efectos de la cantárida se recurría a una prueba de vesicación: frotar parte de las vísceras del fallecido, disueltas en aceite, sobre la piel afeitada de un conejo; la absorción de la cantaridina y su acción vesicante son tales que sus efectos se apreciaban en la piel del conejo. A pesar de esta sórdida historia, los médicos aún tienen valor para emplearla en dermatología,  en el tratamiento tópico de verrugas víricas y condilomas, pero debido a su toxicidad y al intenso dolor que provoca cada vez se usa menos.

La zona de piel en contacto con cantáridas debe ser lavada cuanto antes con agua y luego se puede aplicar un corticoide tópico. Si hay afectación de los ojos, los lavaremos y los médicos aplicarán posteriormente un colirio anestésico o antibiótico. La ingestión de cantáridas se trata con provocación del vómito con jarabe de ipecacuana o con lavado gástrico y sueros endovenosos para aumentar la diuresis.

 

 

 

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