Fieras, alimañas y sabandijas 

 

 

 

                        Revista de divulgación zoológica

 

                                         Inicio     Archivo de artículos     Archivo animal de la semana  

                                                         Actualidad     Enlaces     Sobre nosotros

 

 

Anguilas subterráneas

 

 Ichthyophis glutinosus (cecilia de Sri Lanka)

 

 

Hay animales viscosos que tienen los ojos enterrados bajo los huesos del cráneo, que usan parte de sus ojos para oler y que alimentan a las crías de su interior, por medio de una “leche” que segregan los oviductos de la hembra. Muchas veces su piel es venenosa. No tienen miembros ni cinturas y remueven el suelo de las selvas tropicales ondulando su cuerpo y empujando con su cráneo macizo y muy osificado. La propia piel está adherida a los huesos del cráneo.

 

Son depredadores. Esperan a sus presas (lombrices, termitas, pequeñas serpientes ciegas, lagartijas) y las enganchan con sus dientes agudos y curvados hacia atrás. Son alargados, no tienen cola o la tienen muy corta, su piel es lisa y está lubricada por glándulas mucosas para deslizarse por sus recónditos túneles. La capa externa está endurecida por una capa de queratina, para que el incesante trabajo de cavar no la desgarre. Su cuerpo está dividido en anillos y por ello a veces parecen lombrices. Sólo algunas veces presentan escamas que recuerdan a las de los peces en algunas zonas.

 

Son las cecilias, que poseen su propio orden dentro de los anfibios, pero sólo unas pocas especies son acuáticas y presentan metamorfosis. Los adultos respiran por pulmones (algunas larvas tienen tres pares de branquias plumosas). Como en las serpientes, para poder tener un cuerpo alargado, un pulmón ha desaparecido y, como en las serpientes, existe una zona de intercambio gaseoso en la tráquea. La fecundación es interna y el macho fabrica un pene evaginando la pared de la cloaca.

 

Algunas especies ponen huevos y los entierran. Uno de los progenitores los vigila. Pero muchas otras especies paren crías vivas, que se alimentan en los oviductos de la hembra de una emulsión grasa que segregan las células de revestimiento y nacen como adultos en miniatura.

 

Algunos son casi ciegos y otros lo son completamente. Los ojos son pequeños, están hundidos frecuentemente bajo la piel (e incluso bajo el hueso). Su función parece ser casi exclusivamente detectar la luz. Parece que oyen muy poco, pero algunas especies emiten a veces enigmáticos sonidos chasqueantes. Las larvas de las especies acuáticas poseen una línea lateral para detectar las corrientes, pero en los adultos desaparece (incluso en los acuáticos).

 

El sentido mejor desarrollado es el olfato. Para ello poseen un tentáculo móvil encima de las narinas, que es usado para explorar el entorno. Los músculos que lo retraen son los que servían originalmente para mover los ojos. El tentáculo está lubricado por las glándulas de Harder, que segregan un fluido dentro de las cuencas oculares de todos los vertebrados terrestres. Es curioso que las cecilias huelan con una especie de mano, en tanto que otro animal cavador, el topo de nariz estrellada, Condylura cristata, usa unas expansiones carnosas de su nariz para tocar (posee una de las “manos” más sensibles del reino animal).

 

Sus colores son apagados y fantasmales: grises, rosados, azules. Pocas veces son vistas en la superficie, aunque pueden deslizarse entre la hojarasca cuando llueve. Entonces pueden ser presa de serpientes y aves.

 

Las cecilias, como las serpientes cavadoras, las anfisbenas o los lagartos sin patas, han adoptado una forma anguiliforme, adecuada para moverse en un entorno tridimensional oponiendo escasa resistencia al avance y permitiendo al animal la capacidad de sortear obstáculos. La cabeza es pequeña y compacta para penetrar como una cuña.

 

La tierra húmeda es un pequeño océano oscuro, denso y plástico. Es evocador hacer comparaciones entre el funcionamiento de un ecosistema acuático y el del suelo. La tierra es un fluido pesado, en el que los intercambios de materia son más lentos. La sedimentación es desesperante y el intercambio vertical y la aireación son realizados sobre todo por los propios seres vivos.

 

El suelo, como el agua, tiene gran capacidad para amortiguar las variaciones de temperatura. La detección de presas y depredadores ocurre a distancias muy cortas. El sonido se transmite bien, pero a los olores les cuesta difundirse en la tierra compacta. El oxígeno es un recurso vital y hay animales planctónicos y pelágicos del suelo y también bentónicos, pegados al lecho de roca, e incluso quizá abisales.

 

 

Para saber más:  ápodos   

 

 

 

 

                                         Inicio     Archivo de artículos     Archivo animal de la semana  

                                                         Actualidad     Enlaces     Sobre nosotros